“No importa lo que hagas, pero hazlo con cariño”

“¡Híjole!, eso fue el siglo pasado”, dice entre risas al recordar cuando comenzó su profesión como peluquero y barbero. No es broma, ya que fue en 1964 cuando Antelmo Lengorreta, con apenas 13 años de edad, comenzó a trabajar en la Peluquería Lengorreta, un negocio familiar que su padre creó en un anexo de su casa.

La necesidad de generar ingresos fue el factor que lo indujo a convertirse en barbero para aquel negocio ubicado en la calle Victoria en Naucalpan de Juárez, en el Estado de México. “La situación estaba difícil y mi papá me pidió que le echara ganas a las tijeras”, recuerda.

Siendo apenas un niño, Antelmo aprendió a usar las tijeras junto a su padre; pero en la adolescencia le tocó dedicarse de lleno a esta profesión. Aunque en muchas oportunidades pensó en cambiar de oficio, con los años desarrolló amor por su trabajo y ya de adulto se especializó como cosmetólogo en Ciudad de México.

Hace 20 años, Antelmo se vino a Estados Unidos junto a su esposa y a sus tres hijos, buscando mejores oportunidades. Tras probar otras ciudades, en el año 2003 llegó a Austin, donde decidió radicar. “Es una ciudad muy limpia, con gente muy cariñosa y buen clima. Es donde mejor me he sentido desde que vine a Estados Unidos”, dice.

Y durante los últimos 13 años su familia ha crecido. Sí, prefiere llamarlos familia antes que clientes, porque para Lengorreta esa es una de las mejores cosas de ser barbero o peluquero: “Te haces parte de sus vidas, te invitan a sus fiestas, se convierten en tus amigos y hasta parte de tu familia. Lo más bonito de esta profesión es eso, la convivencia con la gente, porque pasas todo el día hablando de todo, aunque sean mentiras”, asegura entre risas.

Al otro lado del salón, Mark Lira lo reafirma: “Somos casi familia”. Mark es cliente de Antelmo desde el 2003, cuando apenas tenía 15 años. Ahora espera a que Antelmo Lengorreta le corte el cabello a uno de sus hijos mientras él y otro hijo esperan su turno. Para Mark una de las mejores cosas del servicio de Lengorreta es la puntualidad: “Con el maestro (como lo llama) no tienes que pasar horas esperando. Haces tu cita y si llegas a la hora, el maestro tiene la silla lista, esperándote”.

Y es que una de las particularidades de Antelmo es que sólo ofrece sus servicios con “previa cita”, no atiende a clientes que llegan al local, sino que deben llamar para reservar su corte.

Quienes prefieren el servicio de Antelmo saben que recibirán un trato cordial y se irán a casa contentos con los resultados. “La cosa es hacerte amigo del cliente y ofrecer tu mejor esfuerzo.

Fuente: El Mundo, Austin

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